EK BALAM

EK BALAM

El retrato de un Jaguar Negro
Por: José Ma. Alva Lefaure

Son las siete de la mañana del Sábado, estamos ya preparados, con el equipo necesario, casco, chamarra, pantalones, botas, guantes, y herramientas. Nos preparamos para salir, lleno el tanque de gasolina, checo la presión de mis neumáticos, los niveles de líquidos -frenos y aceite- nombramos al capitán del grupo y a la barredora (motociclista que va al final, cuya función es asegurarse de no dejar a nadie atrás, además de auxiliar). Establecemos la formación a seguir y los lugares que ocuparíamos cada uno, así pues, iniciamos la aventura; saliendo del paradisíaco Cancún, son las 7:30 a.m., el trayecto de 150 Km. lo recorreremos por la libre, de Cancún a Mérida, con la idea de hacer más interesante el viaje. El paisaje se torna maravilloso, lleno de vida, todo lo que nos rodea es de distintas tonalidades, en la que predomina el verde de la selva. El viento golpea mi cara, al mismo tiempo que me revitaliza, la brisa marina y el olor a mar, son dos elementos que me llenan de energía y me hacen aumentar la velocidad.

Ya son las nueve de la mañana, el tiempo corre de manera precipitada, hemos llegado a Valladolid, bella ciudad del estado de Yucatán, aquí desayunaremos y recargaremos energías.

Tras un rico y abundante desayuno, que contribuye a sentirnos mejor, nos disponemos a salir rumbo a la zona arqueológica de Ek Balam.

El calor comienza a sentirse, algo usual para nosotros (cerca de los 33º) aun así, debemos equiparnos. Nuestros trajes están fabricados especialmente con fibras que soportan altos grados de fricción en caso de caída, pero esto los hace extremadamente calientes, el sudor empieza ha hacer acto de presencia, así mismo su salinidad nos complica la visión y el continuar hacia nuestro destino.

Solo faltan 35 Km., recorremos la carretera que va de Valladolid con rumbo a Tizimín. El camino es precioso, se puede observar la selva a tus costados y sentir la humedad que caracteriza a la región, tan solo han transcurrido veinte minutos. Por fin llegamos a esta zona arqueológica tan poco conocida, pero realmente majestuosa, diferente al resto.

Ek Balam, nombre maya que significa Jaguar Negro, se encuentra rodeada por espesa selva, fue descubierta por el antropó ogo Desiré Charnay en 1886, pero no fue hasta 1984 que se comenzaron las investigaciones por parte del INAH.

Esta Acrópolis fue habitada por los mayas en el 100 a.C. y tuvo su máximo esplendor en el 800 d.C. Dos palacios nos reciben como perfectos anfitriones, su centro consta de dos plazas unidas, -la central y la sur-, cuyo alrededor está flanqueado por diferentes construcciones entre las cuales destacan sus murallas que circundan la ciudad. Una de ellas con cinco entradas, cuyos caminos apuntan a los cuatro puntos cardinales, algo magnífico. Podemos observar estelas fragmentadas, un juego de pelota y por supuesto la pirámide principal, que ha sido restaurada desde 1997. Ahí algo majestuoso aparece; las esculturas y grabados, así como, una pintura de guerreros, en la que casi puedes presenciar y sentir aquella batalla.

En lo más alto de la pirámide central, se puede observar la extensa selva, así como, paisajes inexplicables y ocultos a simple vista.

Sigo recorriendo esta maravilla, preguntándome acerca de los misterios de esta gran cultura. El calor cada vez es mas intenso y el astro sol, nos castiga con sus rayos, parece que es hora de tomar un chapuzón.

Nos disponemos a nadar; un bello cenote que se encuentra dentro de la zona arqueológica, será el lugar ideal para mitigar el calor. Así pues, a ponernos nuestros trajes de baño, por fin podemos refrescarnos después de todo este tiempo.

El agua es fría, sumamente refrescante y revitalizante, quizás es mi imaginación, pero tengo la sensación de estar completamente relajado…

Son casi las tres de la tarde, contra nuestros deseos debemos de emprender el viaje de regreso. Ya hambrientos y bañados en exceso por el sol, hemos quedado agotados, así que regresaremos a Cancún por la autopista de cuota.

Tengo que abastecer de combustible mi motocicleta, ya se notan las huellas del viaje, insectos, lodo y hojas de árbol pegadas en los costados, que con el paso del aire se fueron quedando y así continuamos con el final de nuestro viaje.

A lo lejos observo un paradero, ¡hora de comer!, está a la orilla de la autopista, exactamente a la mitad de camino entre Cancún y Mérida. Unos exquisitos panuchos y el suficiente chile habanero, serán los que sacien mi hambre.

Debemos apresurarnos, amenaza con llover, es hora de sacar los impermeables, ahora la carretera se torna peligrosa, debemos conducir con precaución.

Tras un recorrido de regreso de aproximadamente 150 Km., en el cual no hemos tenido mayor problema, seguimos disfrutando de esa sensación de libertad absoluta y de un poco de adrenalina, cuando se incrementa la velocidad de nuestras máquinas.

Hemos llegado, nuestra aventura está finalizando, una cafetería en Cancún es el punto de reunión, son ya las 6:30 p.m. y es hora de despedirse.

Cancun Riders, A.C,
www.cancunridersbmw.com

Mande un comentario

 
307 Riviera maya
Monte Hermón # 109
Col. Lomas de Chapultepec.
C.P. 11000, D.F. , México.

Tel. (55) 9688 8470
contacto@307rivieramaya.com
Copyright 2014.