Fiesta de Muertos

     Fecha noviembre 1, 2007

Tradiciones en la Riviera Maya

Por: Nuria Sadurni

El último día de octubre y los primeros días de noviembre, en muchas regiones de nuestro país, se lleva a cabo uno de los eventos tradicionales más importantes del calendario: la celebración del Día de Muertos.

Mucho antes de la llegada de los españoles, ya se practicaban aquí ceremonias rituales dedicadas a los difuntos. Entre los antiguos mexicanos que vivían en la parte del centro o Altiplano, se creía que al morir una persona, su alma podía dirigirse a tres lugares distintos:

El Mictlán era el último de nueve inframundos, el reino de la muerte, al que se llegaba atravesando innumerables peligros acompañados por un perro que guiaba al muerto hasta su última morada.

El Tlalocan o paraíso del dios Tláloc (de la lluvia y el agua), sin duda la mejor de las posibilidades en donde solo las mujeres que morían durante el parto y aquellos cuya muerte había sido consecuencia del agua, podían llegar a este sitio.

El Cihuatlampa, el cielo, donde los difuntos iban al encuentro del dios sol. Los héroes y guerreros muertos en combate tenían este destino.

Para los mayas del período clásico, los muertos de mayor jerarquía como reyes y sacerdotes, completaban su paso al inframundo en un lapso de un año después de su muerte. A partir de ese momento, sus almas se adaptaban a otro lugar, una especie de mundo paralelo desde el cual podían ir y venir. Como en la mayor parte de las tradiciones prehispánicas, el modo de morir determinaba el rumbo que seguiría el espíritu. Si el difunto moría en circunstancia o por enfermedad relacionada con el agua, se iba directo al paraíso de la Ceiba, en cambio los que morían sacrificados o las mujeres muertas durante el parto, se iban al paraíso del Sol. El resto de los difuntos se iban al Xibalbá, el “lugar de los que se desvanecen”, sitio de oscuridad permanente donde reinaba el dios de la muerte Ah Puch “el descarnado”. El Xibalbá estaba en el estrato más bajo del inframundo, el noveno, y los difuntos llegaban a él descendiendo por un camino lleno de peligros, razón por la cual debían cuidarse y nutrirse. Los

familiares se tenían que hacer cargo de prepararle a su muertito lo necesario para tan peligrosa jornada: comida, objetos protectores, y al igual que otras culturas, un perro para que los acompañara y los ayudara a atravesar el gran río que circundaba al Xibalbá.

No hay que olvidar que nuestra actual visión de la muerte está conformada por nuestra herencia española, que proviene directamente de la tradición católica. La mezcla de las dos culturas dio como resultado una mezcla de ideas y rituales mortuorios.

Con la llegada de los españoles, las costumbres y ritos funerarios se modificaron y esto dio origen a una nueva forma de vivir la ceremonia de día de muertos. Actualmente para celebrar ésta fiesta, los vivos y los muertos conviven y celebran su breve encuentro anual. Las mesas se cubren con manteles bordados, papel de china, hojas de plátano o petates según sea la costumbre de cada región. Después se agregan las flores blancas y las especiales para esos días como el cempasúchitl y la flor de terciopelo, se encienden velas para alumbrar el camino de los difuntos, se pone agua, pues llegan sedientos; se colocan sus platillos preferidos, el tradicional pan de muerto, las calaveras de azúcar y finalmente las fotos del muertito que nos viene a visitar.

Los elementos de la ofrenda tienen un significado especial:
El agua: simboliza la fuente de vida.
Las velas y veladoras: la luz, la fe y la esperanza. Guía a las ánimas para que puedan llegar a sus antiguos hogares.
El copal o incienso: el copal es una resina que al quemarse despide un olor aromático, era ofrecido por los indígenas en honor a sus dioses, es una fragancia de reverencia que limpia el lugar de los malos espíritus, para que así el alma pueda entrar a su casa sin ningún peligro.
Las flores: en muchos lugares se acostumbra poner caminos con pétalos de flor de cempasúchitl, para guiar a los muertos de su tumba a la ofrenda y viceversa.
El pan: introducido por los españoles, simboliza la bienvenida comunitaria. Para esta celebración se moldea como muertito con los brazos sobre el pecho, o en forma redonda con una cruz de huesos en la parte superior. Se espolvorea con azúcar blanca, pintada de rosa o con ajonjolí.

Cada región de México tiene su muy particular manera de celebrar el día de muertos, y en la Riviera Maya, estas fechas se llenan de colorido, olores y sabores típicos de la zona. Incluso los lugares turísticos como el parque de Xcaret se unen a ésta celebración. Este parque en particular, tiene un especial interés y compromiso por rescatar y dar a conocer las tradiciones mexicanas, particularmente las de las comunidades mayas que tiene a su alrededor.

En 1992 en el parque de Xcaret se abrió Puente al Paraíso, se trata de un espacio que sorprende al visitante que lo ve por primera vez: ¿Un panteón en un parque? ¿Será de verdad?  365 tumbas de colores brillantes y materiales diversos se agrupan sobre un pequeño cerrito construido con sascab. Los epitafios merecen una mención aparte, algunos conmovedores como el de la madre muerta a la que los hijos recuerdan con las palabras:

No hay prisión ni jaula que detengan tu alma
Volaste como ave a encontrarte con Dios.

Otros, llenos de humor como aquel que se encuentra pintado sobre la tumba de un plomero y que reza así:
Aquí descansa Enrique Herrero Mukul.
Nació el 2 de marzo de 1958 y falleció
El 20 de diciembre de 2003.
Fue buen padre, buen plomero
Y mal electricista.

En este peculiar espacio, en el que se ha conjuntado lo más representativo de los cementerios de toda la República Mexicana, se muestran con orgullo nuestras tradiciones en torno a la muerte. Los visitantes encuentran en éste pequeño panteón, pedazos de todo el país: Iglesitas forradas con mosaicos de Talavera, estructuras de vidrio soplado, esculturas de mármol y piedra, cruces  de madera con pequeños huipiles bordados a la usanza maya, vírgenes de Guadalupe que nos observan sonrientes desde sus nichos.

Puente al paraíso no es sólo un panteón para turistas, es un espacio que sirve para la reflexión, para el rescate de tradiciones milenarias y para festejar a finales de octubre y principios de noviembre, el día de muertos, haciendo énfasis en el Hanal Pixan, como llaman los mayas al “banquete para las ánimas”. Es curioso cómo los trabajadores del parque y los visitantes que están lejos de sus lugares de origen en éstas fechas, se apropian de éste espacio para poner fotos de sus seres queridos y recordarlos de manera simbólica.

En el parque de Xcaret existe un gran compromiso por dar a conocer costumbres y tradiciones de nuestro país, no solo para proyectarlas hacia el extranjero, sino también para que los mexicanos nos sintamos orgullosos de nuestra riqueza cultural, es así como año tras año el parque ha ido invitando a las comunidades mayas de los alrededores a involucrarse en las festividades como la del día de muertos.

El Hanal Pixan se celebra los días 31 de octubre, 1 y 2 de noviembre. El día 31 se ponen las ofrendas de los mejen pixan (ánimas de los niños). El 1º de noviembre para los nojoch pixan (ánimas grandes). Desde el año pasado varias comunidades de la región acudieron a Xcaret a celebrar ésta fiesta con lo más rico de su tradición, pidieron permiso en el parque para hacer hoyos en la tierra y poder así cocinar a la más antigua usanza los pollos que habían de servir para preparar los platillos preferidos de sus difuntos. Así mismo llevaron molinos para moler los granos de elote y preparar tamales y atole ya que es indispensable que todos los alimentos que se van a ofrecer a los muertitos sean frescos y recién horneados.

Cada una de las comunidades levantó su altar, con sus manteles coloridos bordados a mano, sus velas, sus flores y las cruces verdes con pequeños huipiles colgados. Los alimentos ofrecidos desprenden sus aromas: el pib, los tamalitos de xpelón, el mucbipollo y el relleno negro son solo algunos de los platillos que se preparan con especial esmero en ésta época del año.

Veredas anaranjadas formadas con pétalos de la flor de cempasúchil, indican al muerto el camino a seguir desde su tumba hasta su altar para que no se pierda ni de ida ni de vuelta. Ocho días después se celebra el Bix, en donde se invita a nuestros difuntos a regresar al año siguiente, para ésta celebración se vuelven a preparar los alimentos, para que los muertitos se lleven su “itacate” en el viaje de regreso al más allá.

Este año el panteón del pueblo maya de Xcaret volverá a llenarse de velas y de copal, de ofrendas multicolores y aromas mayas que se entrelazan con todas las influencias, culturas que los han matizado a través de los años. Entre las actividades que se llevarán a cabo en el parque habrá conciertos de artistas reconocidos como Astrid Hadad, presentaciones especiales como la lectura dramatizada de “Macario, el ahijado de la muerte”con Ignacio López Tarzo, funciones de marionetas , representaciones teatrales de obras montadas por las propias comunidades mayas, conferencias, presentaciones de libros (este año se presenta el libro Puente al  Paraíso, un panteón vivo en Xcaret que habla sobre las tradiciones de  día de muertos y sobre la construcción de éste particular cementerio), bailes folclóricos, concursos de ofrendas entre los municipios aledaños al parque…  Todos estamos invitados a convivir con nuestros muertos en estas fechas, estemos donde estemos, las almas de nuestros seres queridos nos acompañarán ya que ellos siempre van al lugar en el que son recordados.

Para la cultura yucateca todo es vida y la muerte es parte de ella, no es el final, sino el inicio perpetuo, y como dice Miguel Quintana Pali, socio fundador del parque de Xcaret en un párrafo del libro Puente al Paraíso:

En 2004 el Panteón de Xcaret abrió sus puertas a los muertos; desde ese día, los vivos y las almas deambulan por aquí, unos muertos de gusto y otros llenos de vida.

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