Creencias mayas

admin      Fecha Junio 24, 2008

Mestizaje y misterio
Por: Iván Bogdan

Desde que tengo memoria, las palabras siempre han sido para mí una fuente de magia poderosa. Por eso, escuchar expresiones en maya, que salpicaban el diálogo de todos los adultos y les permitían comunicarse entre ellos quizás con mayor precisión que el mismo español (y a salvo de las indiscreciones infantiles), me llenaba de asombro, y siempre seguía con avidez las conversaciones tomando nota de esas palabras raras para ir a preguntarle después a Nana Elvira, a quien oía frecuentemente hablar en maya, y que cocinaba como nadie, conjurando en voz baja los secretos de guisos indescriptibles frente a su fogón, pues nunca usaba la estufa, sino leña y carbón. Juro que nadie ha cocinado jamás sin tener algo (mucho) de magia, que en su caso era plena y absoluta hechicería.

Fue ella la que me regaló un diccionario y gramática maya para que comenzara a entender; sin embargo, ella, mis papás y abuelos guardaban silencio cuando preguntaba por criaturas como los Aluxes, o si podríamos ir a Uxmal a visitar al enano de la pirámide. Y es que en todo el sureste, junto con el lenguaje, las criaturas de leyenda que pueblan las páginas del Popol Vuh y el Chilam Balam no son objeto de estudio ni leyendas pretéritas. Son realidades que es necesario asimilar. Cualquiera que haya convivido con personas de otros orígenes sabe de lo que hablo.

Allá en ese territorio “neutral” de la cocina se escuchaban, explicaban y aprendían muchos secretos, y no sólo recetas de cocina…

La gente del campo sabe que los Aluxes son traviesos y volubles, pero que también aman las plantas, las flores y todo aquello que da frutos. Por eso, si se obtiene la debida confianza con los agricultores, ellos pueden contar cómo hacen las ofrendas al Alux para que proteja las cosechas, o cuál es el ritual para contrarrestar las travesuras y maldades de un Alux que se ha encaprichado en contra de un cultivo. Hay que ponerle su “contra” al Alux para que no fastidie.

Después, silencio. Nadie quería decir qué era eso de la “contra”. Hay cosas que por sabidas se callan.

Pero desde luego, todo eso es leyenda, y como tal, es materia de confianza. Casi nadie puede acercarse a un mayahablante para que le cuente, con imágenes de poder y silencio, las mil y una formas en que el espíritu de los antiguos mayas, sus leyendas y tradiciones, se mantienen vivas. Porque ciertamente el proceso de mestizaje y conversión al cristianismo ha rendido sus frutos, a veces con resultados híbridos.

En los linderos del mundo maya, no hace mucho tiempo, los mayahablantes fundaron un lugar donde las cruces hablaban con acento antiguo: Chan Santa Cruz. La voz de los dioses se comunicaba desde un madero y les incitaba a rebelarse contra los hacendados, en lo que fue una trepidante y sangrienta Guerra de Castas, otro episodio del que pocos saben y hablan menos aún.

Sin embargo, las familias peninsulares que tienen dos siglos o más de vivir en esta región cuentan testimonios espeluznantes, mitad leyenda y mitad pesadilla. Para ellos, este episodio está siempre teñido de sangre y miedo, y por eso tampoco hablan mucho al respecto. Sin embargo, en el fondo está presente un elemento de las creencias del antiguo pueblo maya, mezcladas (ahora) con el cristianismo. El misterio, nuevamente, de la fe y su encuentro con la realidad cotidiana, que a veces (con demasiada frecuencia) resulta doloroso, hasta violento.

Guardo silencio y me parece estar escuchando las voces imaginadas pero familiares de los que antes han contado estas historias. La verdad, la única verdad que logro sacar en limpio, es que el misterio existe, y que el contenido de mis propias creencias se ha enriquecido y transformado, con el paso de los años y en el contacto con los demás. Ese es un secreto que los antiguos mayas, y también sus descendientes, conocen bien.

No invoques a los dioses para jugar, porque el mundo del alma escucha siempre. Guarda silencio entonces. Y si conoces algo nuevo, tal vez, sólo tal vez, puedas decírselo en confianza a un amigo, pero cuida que tus palabras siempre estén llenas de luz, no sea que invoques la tiniebla y llegue con ella el miedo.

¿Cuál será el mestizaje que aguarda a las ideas en este tercer milenio? La cercanía de las creencias es una realidad. Tal vez no tenga que ser misteriosa, pero en la región maya aún se ocultan muchos secretos. Muchas veces, la única herramienta que necesita el asombro es un oído atento… y desde luego, la confianza de un narrador generoso.

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